Entre lo real y lo no



    El crepúsculo caía sobre la ciudad impune y total. Parecía que un cuchillo había dejado un enorme rastro de sangre en el cielo y este solo sería el exordio para la oscuridad que traería consigo la infinita noche. Había terminado de escribir el último reglón de mi historia, cuando habiendo mirado por la ventana de mi estudio percibí que era la hora de su llegada. Guarde mi lápiz y mi cuaderno y cerré los ojos.

    Un extraño chirrido se hizo presente en la habitación, lo que no me pareció extraño en lo absoluto. Continúe con mis ojos cerrados, mientras sentía sus manos recorrer mi pecho en un abrazo caluroso y lleno de cariño. Abrí mis ojos y pude verlo sonriente ante mí.

    Sus ojos denotaban un cansancio mortal, lo que junto a su palidez cadavérica le daban el aspecto del mas elegante de los vampiros. Se sentó a mi lado y tomando mi mano, procedió a contarme toda su jornada del día. Sus palabras invitaban a un misterio que parecía encerrar el rumor de mil años de soledad, junto a ello sus gestos y miradas compenetraban en un hermoso remolino de colores del cual no quería salir.

    “¿Bailemos?” escuche decirle cuando tomaba mi cintura y me levantaba por los aires. Flotábamos en la atmosfera, podíamos volar por todo el estudio mientras bailábamos al compás de la canción mas triste que podría haber escuchado. Sus movimientos me guiaban al esplendor y podía notar que sus cabellos se movían al tin tin de lo galanesco.

    Paramos de bailar y sentía que nos movíamos hacia un lugar que no conocíamos. Era un bosque. Un bosque lleno de hadas y criaturas mágicas. Paseamos por los rincones de aquel lugar, mientras las ninfas colocaban coronas sobre nuestras cabezas. Un coro de fantasmas armonizaban el entorno, mientras tomábamos asiento al medio del bosque.

    Las horas no existen, ni tampoco los minutos ni segundos. Sentía que mi rostro se sonrojaba mientras el lo tenia en sus manos. Podían sentir el roce de sus labios a la vez que sus manos sostenían las mías. Una lagrima se asomo por mi rostro cuando ya no pude sentirlo mas junto a mi.  Las hadas ya no estaban y el bosque se había transformado en una horrible ciudad.

    Deambule por el lugar sin él. Era un alma errante dentro de esta gran urbe. Podía ver a las personas hipócritas caminar de la mano, mientras que a la vez veía destrucción por doquier. Corrí, pero no parecía hacerlo. Flotaba por los aires y no podía hacer nada mas. Estaba atrapada.

    El sol con sus primeros rayos cayó sobre mi rostro. Mi historia tenia manchas de lagrimas y saliva. Sin duda, pensé, la marca de que los sueños son mas reales de lo que todos creen… 

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